Sacia tu corazón para bajar de peso

I Por: @andrepenuela I

Si este artículo fuera un libro llamado Cómo comer de manera saludable sin esfuerzo probablemente se convertiría en un best seller. Pero sin por el contrario se titulara Cómo esforzarse por comer saludablemente seguramente sería muy impopular. Todos queremos tener una vida más saludable, saber descansar, hacer ejercicio y comer mejor.

Sin embargo, no todos estamos dispuestos a tomar las decisiones necesarias para que estos deseos se conviertan en realidad. No obstante, el desafío que tenemos por delante, si de verdad estamos comprometidos a cambiar nuestra manera de vivir, en lo que respecta a la forma como nos alimentamos, puede ser un proceso que nos lleve a conquistar terrenos espirituales que no imaginamos.

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Debido a su lucha con la comida y con su peso, Lysa Terkeurst escribió el libro Fui hecha para desear. Aunque lo hizo pensando en las mujeres que como ella, que no necesitan probar una dieta más para bajar de peso, sino razones de peso para comer bien, los principios que comparte son igualmente útiles para hombres y mujeres. 

Razones para comer de manera saludable: 

En su libro, Lysa asegura que, en principio, estas fueron algunas de las razones que la llevaron a desear alimentarse mejor, entendido como: bajarle al azúcar, las grasas y los alimentos procesados; comer frutas, verduras, carbohidratos buenos; comer a la hora indicada y controlar las porciones: 

 

  • Tener buena salud
  • Mejorar su apariencia y su figura 
  • Sentirse satisfecha con ella misma 
  • Lucir la ropa que en algún momento de la vida dejó de caber en su cuerpo 
  • Reducir el colesterol 
  • Hacer feliz a su médico quien le recomendaba una y otra vez que debía “comer mejor y hacer ejercicio”.

Lysa Terkeurst escribió el libro Fui hecha para desear

Lysa Terkeurst escribió el libro Fui hecha para desear

Sin embargo, asegura Lisa, ninguna de estas razones fue suficientemente fuerte o trascendental (por más importante que cualquiera de ellas nos parezca), para hacer verdaderos cambios a largo plazo y negarse a sucumbir ante los antojos que tanto disfrutaba: papitas, golosinas, comida congelada, por solo mencionar algunas cosas. 

 

Debido a la frustración que le causaba el ciclo que se repetía una y otra vez: antojarse-ceder-sentirse como una fracasada (además de subirse a la balanza y ver que los números tendían a subir), quiso entender por qué una mujer cristiana como ella no lograba tener una vida equilibrada en cuanto a la comida y seguía poniendo excusas para comer lo que su cuerpo le pidiera.  

 

El exceso calórico y la desnutrición espiritual 

 

Para empezar, Lisa se refiere al pasaje de Mateo 19 en el que un joven rico busca a Jesús y le pregunta qué debe hacer para tener vida eterna. Jesús le menciona uno a uno los mandamientos que debe cumplir, entonces el joven asegura que ha hecho todo. Sin embargo, pareciera que a pesar de su impresionante currículo él mismo no se siente satisfecho, entonces le pregunta a Jesús, “¿Qué más debo hacer?”. 

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Jesús, que conoce su corazón, sabe que hay algo allí sin resolver y le responde: “Si deseas ser perfecto, anda, vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Después ven y sígueme”. Con su respuesta, Jesús no está recriminando al joven por ser rico, lo que está haciendo es mostrándole que aún hay algo que ama más que a Él: el dinero. De paso, nos confronta acerca del lugar que nuestras abundancias tienen en nuestra vida y nos pregunta: ¿Estarías dispuesto a dejar eso que amas más que a mí? 

 

¿Qué tiene que ver eso con la comida? 

 

“Dios nos hizo capaces de desear con vehemencia para que desarrolláramos un deseo insaciable de él y solo de él. Nada cambiará hasta que tomemos la decisión de redirigir nuestros antojos descarriados hacia aquel único ser que puede satisfacerlos”, dice la autora. Al igual que el joven rico muchos de nosotros podemos sentir la misma insatisfacción, el mismo vacío, el problema es que no todos lo sabemos o reconocemos y terminamos llenándonos con cosas que nos dan placer inmediato, pero no duradero: dinero, compras, relaciones, y también comida. Al final terminamos siendo devotos de lo que comemos y dejando que sea eso lo que nos consuele, nos sacie, nos acompañe, nos anime, nos dé felicidad y satisfacción. 

Nada cambiará hasta que tomemos la decisión de redirigir nuestros antojos descarriados hacia aquel único ser que puede satisfacerlos

Como porque estoy feliz, como porque estoy triste

 

El hambre es una necesidad fisiológica del cuerpo que lo obliga a buscar una fuente de energía para vivir. Aun así, a veces llenamos nuestros estómagos no porque el cuerpo lo necesite o con el propósito de alimentarlo, sino porque nuestras emociones nos indican que no hay celebración ni alegría completa sin comida o que la vida está siendo demasiado dura como para agregarle a eso el echo de que debemos negarnos a ceder ante nuestros deseos, así, por una razón u otra, terminamos haciendo concesiones y dejando para mañana nuestro deseo de alimentarnos bien. 

 

Todo lo bueno viene de Dios, y la comida no es la excepción, ¡Él la creó!, pero también es cierto que nuestras abundancias, en este caso respecto a la comida, siendo bendiciones, pueden convertirse en distracciones y causarnos problemas, no solo de salud, sino ser un tropiezo en nuestra relación con Dios. Deuteronomio 8:10,11 dice: Cuando hayas comido hasta quedar satisfecho, asegúrate de alabar al Señor tu Dios por la buena tierra que te ha dado. Sin embargo, ¡ese es el momento cuando debes tener mucho cuidado! En tu abundancia, ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios al desobedecer los mandatos, las ordenanzas y los decretos que te entrego hoy

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David también lo menciona en uno de sus Salmos cuando pide a Dios justicia para sus enemigos: Que la abundante mesa servida ante ellos se convierta en una trampa, y que su prosperidad se vuelva un engaño, Salmo 69:22 (NTV). David era un rey, tenía a su servicio la cocina real y la comida que producía un reino próspero. Nadie mejor que él conocía los efectos que la abundancia podía tener en un corazón infiel, malo o susceptible a dividirse.   

 

Hambrientos de Dios y satisfechos en Él

 

Dios nos hizo con necesidades de alimento: físico y espiritual. Por lo mismo, es importante prestar atención cuando Él se define a sí mismo como el pan de vida, pero además cuando asegura que no solo de pan vive el hombre sino de todo lo que sale de su boca, y también, que anhelemos su Palabra como un bebé recién nacido desea la leche, que no nos preocupemos por qué comeremos o beberemos… 

 

Dios nos invita a poner en perspectiva el lugar que la comida tiene en nuestra vida y nos reta a permitir que Él y su Palabra sean nuestro alimento principal: Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón (LBLA). Cuando buscamos saciarnos de Dios, y hacer de él nuestra porción (Salmo:37:4) resulta menos difícil controlar nuestro apetito hacia las cosas que no nos convienen. 

 

Recomendaciones prácticas tomadas del libro si estás luchando con la comida: 

 

  • Ve al doctor y pide ayuda médica profesional para saber cuál es tu peso ideal y tener un plan de alimentación. 
  • Busca una red de apoyo o alguien a quien rendirle cuentas en tu deseo de comer de manera saludable: es muy difícil que lo logres tú solo. 
  • Sé completamente sincero con Dios respecto a tu lucha con la comida: celebra con Él las victorias, búscalo si fallas. 
  • Con ayuda del Espíritu Santo, identifica si estás comiendo para satisfacer una necesidad emocional. 
  • Pídele a Dios versículos de la Biblia que te ayuden a mantenerte firme en momentos de tentación y tenlos en mente. 
  • Huye de la tentación
  • Haz de los momentos de lucha, cuando quieras comer y no sea el momento o se te antoje algo que esté fuera de tu plan, un llamado a la oración.