Para que no te rindas 

Una cosa es empezar bien y otra terminar bien, esta es una frase popular que expone la natural tendencia humana a desanimarnos y distraernos ante las dificultades, los prolongados períodos de espera o las equivocaciones. Es cierto que hay tiempo para desistir como menciona Eclesiastés 3, pero, ¿Qué pasa cuando acumulas tantas excusas frente a lo que Dios te pide que tu ánimo para avanzar es absorbido por ellas?.

 

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Este artículo, basado en la historia del sacerdote Joel y el gobernador Zorobabel, que fueron llamados por Dios a reconstruir el templo luego de un largo período de exilio, examina brevemente los obstáculos más frecuentes a los que se enfrenta todo creyente cuando emprende algo nuevo para Dios o cuando decide retomar hábitos que había abandonado, también expone la forma más sencilla y efectiva de hacer frente a estos obstáculos. Sigue leyendo y llénate de ánimo para que de la mano de Dios, puedas terminar bien lo que comenzaste bien. 


Oposición 


Cuando los israelitas regresaron a la tierra se encuentran con que los samaritanos han ocupado el territorio en el que ellos vivían antes del exilio y cuando se disponen a levantar el templo para adorar a Dios, se convierten en un obstáculo para la construcción, creando desacuerdos que llegan a oídos de los gobernantes y logran frenar el proyecto durante años. ¿Esto aplicado en nuestra vida se resume en una frase?: siempre que inicies algo para Dios habrá oposición espiritual, aceptarlo y decidirse a luchar contra el reino de las tinieblas es el primer paso.

Siempre que inicies algo para Dios habrá oposición espiritual, aceptarlo y decidirse a luchar contra el reino de las tinieblas es el primer paso.

 

Luego de aceptar la realidad de la oposición, lo mejor que puedes hacer es tomar una actitud de humildad y pedir a Dios sabiduría y discernimiento frente a lo que estás enfrentando; sin importar de dónde viene la oposición, recuerda siempre que tú peleas es espiritual (Efesios 6:12) y solo puedes vencer efectivamente con armas espirituales (2 Corintios 10:4-6). 


Lo peor que te puede pasar en este punto es que te distraigas intentando defenderte de los señalamientos y quites tus manos de la tarea que Dios te haya dado, lo único que vas a lograr es odiando a quienes se te oponen o es pensar que estas perdiendo el tiempo, en lugar de eso concéntrate en: 


  • Amar a tus enemigos
  • Confrontar al enemigo en oración
  • Someterte a tu autoridad y aprender de ella
  • Y sobre todo fijar tus ojos en Cristo 

 


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Escasez 

Los recursos eran muy pocos y el proyecto se veía enorme, ¿te ha pasado? A Zorobabel y Josué también les pasó, ¿Cuál es el riesgo aquí? Pensar que nunca lo vas a lograr y que estás solo frente a todo esto. 


Lo que pocas veces notamos es que Dios en su bondad nos permite iniciar proyectos con pocos recursos para darnos cuenta de dónde tenemos puesta la confianza de nuestro corazón cuando se trata de finanzas. Si te quejas de que estás solo con esto y te mantienes temiendo la falta de recursos, no logras nada más que hacer más grande tu desánimo. ¿Qué deberías hacer entonces? 


  • Pelea en oración por las promesas de Dios: toma las promesas que Dios te ha dado en Su Palabra y confiésalas en oración para convencer a tu mente y tu alma de la capacidad de Dios para proveer lo que necesitas para hacer lo que él te ha pedido. 

  • Mantén tu visión enfocada: si te quejas de lo que no tienes te vas a distraer de lo que Dios ya te dijo que hicieras y tu ánimo va a decaer, con desánimo es muy difícil llevar a cabo una tarea, así que, si quieres avanzar, necesitas fortalecer tu fe fijando tu mirada en lo que Dios ya te dijo y decidir tener contentamiento con lo que tienes en tus manos y trabajar duro en ello. 

Comparación 


Este obstáculo está frente a nosotros todos los días, especialmente ahora que las redes sociales hacen parte de nuestra vida y podemos contemplar el estilo de vida de casi todas las demás personas del planeta. La comparación hace que despreciemos lo que hacemos, lo que tenemos y lo que Dios ha puesto en nuestras manos, está totalmente en contra de lo que Dios nos pide en Zacarías 4:10 No menosprecien estos modestos comienzos, pues el Señor se alegrará cuando vea que el trabajo se inicia y que la plomada está en las manos de Zorobabel. 


Evitar la comparación a toda costa es una responsabilidad de todo hijo de Dios llamado a establecer su reino en cualquier lugar, Joel y Zorobabel también lo vivieron, y se puede leer en Esdras 3: 8- 13, cuando los ancianos vieron que se pusieron los cimientos del nuevo templo y lo compararon con el gran templo de Salomón que fue destruido, entonces se pusieron a llorar a grandes voces. 

 

Evitar la comparación a toda costa es una responsabilidad de todo hijo de Dios llamado a establecer su reino en cualquier lugar

 

Las consecuencias del desánimo que vino como consecuencia de compararse, ver los pocos recursos y la oposición, fue que la construcción del templo se frenó durante 16 años y los recursos que Dios había proveído incluso por medio de un gobernador pagano comenzaron a utilizarse para fines personales, ¿te ha pasado algo así? Dios no se escandaliza cuando nos desanimamos, Su Espíritu Santo siempre está dispuesto a despertar nuestro espíritu para que sigamos adelante con la obra que él nos ha encomendado. 


Pecado 


El sacerdote Joel le había fallado a Dios y le había fallado al pueblo, permitió que el desánimo le llenara el corazón, bajó sus brazos y abandonó la obra por mucho tiempo, sin embargo Dios puso a Daniel como intercesor por él y por el gobernador Zorobabel para que la obra de la reconstrucción del templo continuara. La obra de restauración que Dios hace en ellos se puede leer en Zacarías 3 y 4, pero es aplicable a nuestra vida actual cuando permitimos que los obstáculos de la vida enfríen nuestra pasión por vivir cómo Dios nos ha pedido que vivamos. 


Sin duda el pecado es enemigo del avance de la obra de Dios en nuestra vida, pero, aunque hayamos fallado mucho, cuando Dios nos ha elegido no se cansa de nosotros, Él siempre espera que retornemos e incluso crea estrategias para facilitar nuestro regreso a la buena asignación que nos ha dado, esta lista resume lo que Dios habla a Joel por medio del profeta Zacarías y que te habla a ti también si sientes que le has fallado a Dios y has abandonado su casa: 


  • Dios rechaza las acusaciones que satanás te hace y reitera su elección por ti: 

Entonces el Señor le dijo a Satanás: «Yo, el Señor, rechazo tus acusaciones, Satanás. Así es, el Señor que eligió a Jerusalén te reprende. Este hombre es como un tizón en llamas que ha sido arrebatado del fuego». Zacarías 3: 2


  • Dios te da un vestido y un turbante nuevo y limpio para llevar a cabo la tarea que tienes:

Entonces el ángel dijo a los otros que estaban allí: «Quítenle esa ropa sucia». Luego se volvió hacia Jesúa y le dijo: «¿Ya ves? He quitado tus pecados y ahora te voy a dar esta ropa nueva y fina».


Luego yo dije: «Deben también colocarle un turbante limpio en la cabeza». Así que ellos le pusieron en la cabeza un turbante sacerdotal limpio y lo vistieron de ropas nuevas, mientras el ángel del Señor permanecía cerca. Zacarías 3: 4-5


  • Dios te promete una recompensa si haces tu tarea:

El Señor de los Ejércitos Celestiales dice: “Si tú sigues mis caminos y me sirves con cuidado, recibirás autoridad sobre mi templo y sus atrios. Permitiré que camines entre los otros que están aquí”.  Zacarías 3: 7

 

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En resumen, si le has fallado a Dios y has abandonado lo que Él te pidió que hicieras, si el enemigo te acusa constantemente y lastima tu consciencia; entonces es momento de recordar que Dios te eligió para hacer algo importante, aunque lo veas pequeño, y que aceptes el perdón y la redención que él te da, el sacrificio de Jesús y las palabras que Dios le da al sacerdote Joel son más que suficientes para que dejes el pasado atrás y regreses al camino.


Vuelve a hacer lo que Dios te pidió pues él te dice, al igual que lo hizo con el gobernador Zorobabel: “No es por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales”. Zacarías 4:6