Estás invitado a un banquete …ya todo está preparado

Comer tiene sabor a acontecimiento. Te estarás acordando de tus propios festejos o a la invitación a ellos: matrimonio, cumpleaños, bautizo, los 15, los 18, los 21, la graduación del cole o de la U. Los paseos, los eventos deportivos, las vacaciones también se lucen con comida para la ocasión, y te garantizo que incluso en los negocios o los acuerdos se comparte mínimo un café. ¡Ja! y qué decir de los compromisos, o los reencuentros, y claro las reconciliaciones. El acontecimiento puede involucrar el rigor del mantel y su parafernalia o algo ligero y cautivante.

En su libro Aportes Alimenticios del Viejo al Nuevo Mundo, escribe Lucía Rojas de Perdomo cuál fue la primera comida europea en las Indias, ofrecida por Cristóbal Colón “Y les mandé dar de comer pan y miel de azúcar y de beber” , agrega que Colón la ofrecía con la esperanza de congraciarse con ellos -un jefe indígena y sus compañeros- y para agradecerles los regalos que le habían obsequiado” 1. Le haya funcionado o no la estrategia a Colón por lo menos supo que la comida rompe barreras, y en el mejor de los casos, se comienza a sazonar una amistad. 

Hospitalidad

Más antiguo que el relato con Colón, es uno en medio oriente. De acuerdo a la narrativa bíblica en el libro de Génesis (18.2-6) un hombre llamado Abraham ve a unos extraños que pasan cerca de su tienda a pleno sol de mediodía y va a saludarlos, pero no sólo eso, sino que además les ofrece agua para que se laven los pies, sombra bajo un árbol y comida para que recuperen fuerzas: Entonces Abraham volvió corriendo a la carpa y le dijo a Sara: ¡Apresúrate! Toma tres medidas abundantes de la mejor harina que tengas, amásala y hornea pan. ¡Um, la mejor harina!, waw, qué gesto de hospitalidad, y también les dio de lo más tierno de su ganado. Aunque pueda sonarte a costumbres de tiempos lejanos, puede resultar más vigente de lo que crees, porque quizá alguna vez has sido benefactor de un desconocido y sin saberlo tu corazón cumplía con un mandato tan antiguo como la historia: “Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra”. (Dt 15.11).

Perdón y protección

Y una vez más aparece la comida en medio de algo importante. Este es el relato de un hombre que perdona a sus hermanos y festeja el reencuentro con un banquete: “Esos  hombres comerán conmigo hoy al mediodía. Llévalos dentro del palacio. Luego mata un animal y prepara un gran banquete” (Gn.43.16). Podríamos excusarnos  con el tema del animal y del palacio, pero no de postergar el perdón; alimenta más que la misma comida. Claro, el hecho de rodear el momento con alimentos y un corazón sincero ¡eso toca el alma! Luego, a comer se dijo, ya que el refrán hace gala de su sabiduría popular: barriga llena, corazón contento. Y es que el hombre de la historia, José, hijo de Jacob, no sólo perdona a sus hermanos sino que les ofrece cuidarlos y protegerlos, promesa que también extiende a los hijos de sus hermanos.  

Hace poco más de dos mil años, se dio cumplimiento a un suceso sobre el perdón, en su máxima expresión. Explica Alfonso Ropero Berzosa 2  que: En el antiguo Oriente  mojar con la propia mano el pan en sopa o en salsa y ofrecérsela a un invitado es prueba de aprecio y amistad…a la luz de esta costumbre se puede entender el afecto de Cristo por Judas y la ausencia de rencor en Jesús. (Jn.13.27) Antes de esta gran cena, ya han sucedido otras más, y el factor común en medio de ellas es el perdón y todos los beneficios de perdonar. Jesús facilita el momento, añade restauración y transfiere el honor de ser protagonistas directos. Sucedió con uno llamado Zaqueo, quien dijo: “Señor, daré la mitad de mi riqueza a los pobres y si estafé a alguien con sus impuestos, le devolveré cuatro veces más” (Lc.19.1-10)  

Todo está preparado

Muchas de las enseñanzas de Jesús son con parábolas. Una  célebre está registrada en el libro de Lucas (15.11-32). La historia del hijo pródigo y del padre que le hace fiesta cuando regresa: …traed el becerro gordo y matadlo y comamos y hagamos fiesta, porque este mi hijo estaba muerto y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. El banquete es el marco del acontecimiento amoroso del padre, pero el plato fuerte es su perdón, un perdón perfecto sin señalamientos, sin reproches.

Con unos panes y unos pescados también nace un banquete en medio de una pradera. La compasión de Jesucristo alimenta a más de cinco mil personas. (Mr 6.30-44). Lo común del pan da sentido de unidad a esa multitud. Por medio de la comida Jesús enseña cómo ser compasivos: "Más cuando hagas banquete llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos y serás bienaventurado porque ellos no te pueden recompensar pero te será recompensado en la resurrección de los justos” (Lc.14.13-14). Invitación, que de postre ofrece una promesa: Den y se les dará, se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante…(Lc 6.38).  

Como la descripción de un menú completo, las parábolas de Jesús muestran que todo está preparado para degustar la receta perfecta: Ir a un banquete gratuito al que está invitado todo aquel que quiera comer del pan con el que no se vuelve a sentir hambre y beber del agua con la que nunca más se vuelve a tener sed (Lc 14.15-24). La invitación sigue vigente para los que quieran tomar el camino hacia ese banquete perfecto: “He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo” (Ap.3.20).

Referencias:

1. E. Voluntad, Aportes alimenticios del viejo al nuevo mundo. Rojas de Perdomo Lucía, Santafé de Bogotá, 1993, p.16.

2. E.Clie. Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia. Alfonso Ropero Berzosa, Barcelona, 2013, p.288.

 

Crepes*

1 huevo
Pizca de sal
Azúcar al gusto
1 vaso de leche 250 ml.
100 gramos de harina de trigo
Aceite o mantequilla

Preparación:

En un recipiente bate el huevo con la pizca de sal y el azúcar al gusto, añade un poco de leche y sigue batiendo unos segundos, agrega toda la harina de trigo y mezcla hasta que no veas grumos, integra poco a poco el resto de leche, luego agrega aceite o mantequilla y sigue batiendo hasta que veas la masa homogénea, en este punto puedes agregar unas gotas de vainilla. Deja reposar por 20 minutos y la masa tomará más cuerpo. Pon a calentar una sartén a fuego medio-alto y úntalo con aceite o mantequilla y vierte una cucharada de masa, cuando veas que los bordes se comienzan a dorar voltea la tortilla y que cocine unos segundos, retirala y sigue los mismos pasos de la cocción. Con esa cantidad de ingredientes pueden salir cerca de 12 crepes, finos y sin romperse. Una vez listos, agregales lo que quieras, frutas o carnes.

Los griegos perfeccionaron el oficio de la panadería, que ya era muy conocido por los egipcios, los primeros en agregar leche y huevos a la harina de trigo.

*Recetas de Esbieta. Youtube.

1. E. Voluntad, Aportes alimenticios del viejo al nuevo mundo. Rojas de Perdomo Lucía,  Santafé de Bogotá, 1993, p.82