Bani Muñoz: más allá de la música

Autor: Diego Rodriguez

Bani Munoz 1

El talento musical de Bani Muñoz es un legado familiar que se fundamenta en extender la Palabra de Dios, tanto su padre como su abuelo han sido parte de un ministerio apostólico, pero su verdadero comienzo como compositor y cantante fue una 'echada al agua' con la que su tío, el también salmista Frank Giraldo, lo desafió a que tomara su Biblia, lápiz, papel, el piano y una grabadora para escribir canciones, la primera se basó en el Salmo 28.  

La sensibilidad de este guatemalteco por la alabanza ha sido influenciada por el jazz y el gospel, también por cantantes como Torre Fuerte, Miguel Cassina, Ron Kenoly y Michael W. Smith, a quienes escuchaba desde pequeño. Antes de sacar su propia discografía, fue tecladista de Danilo Montero durante tres años en la banda Sígueme. Ha realizado colaboraciones con Marcos Witt, Marco Barrientos, Jesús Adrián Romero, Jaime Murrell, Alex Campos, entre otros. 

Tiene un estilo propio que reúne ritmos e instrumentos modernos con los que busca hacer un anuncio de salvación y santidad. Esto lo ha plasmado en producciones como: Inusual, Más personal, Ciudad de colores y Vuelve otra vez. Una de sus canciones más representativas es Ciudad de colores, en la que habla sobre etapas de quebranto familiar e invita a buscar el corazón de Dios y adorar desde lo más íntimo.

Está casado con Elvira Muñoz, juntos tienen dos hijos, Natalia, de once años, y Sebastián, de seis, que al igual que su padre tienen la música en su ADN. Ella canta y él toca batería. Esta pareja sueña con una generación que ame a Dios con todo el corazón, por eso busca entender las nuevas maneras de llegarles a los jóvenes y enamorarlos de la verdad en Jesús. Entérate de mucho más de su historia a través de esta entrevista. 

Bani Muñoz y su llamado

 Muchas veces dejamos de pecar por miedo a irnos al infierno, pero cuando realmente conocemos la gracia de Dios, dejamos de ofenderlo porque lo amamos, pero eso solo sucede si tenemos relación con Él.

¿Cómo recibiste el llamado de Dios?

Tiene que ver con que soy hijo y nieto de pastor, he pasado toda mi vida en la iglesia, creo que uno de mis fundamentos forci-voluntarios fue ser parte de la alabanza. El estilo de música era diferente, pero la pasión, la entrega con la que servían los directores, es lo que le agradezco a Dios porque eso marcó mi vida. Recuerdo que una vez estaba en el órgano y mi tía tocaba, lo hacía con tanta pasión, y empezaba a llorar cada vez que adoraba. Yo tenía unos 7 u 8 años, me encantaba sentarme a su lado y ver qué estaba pasando.
En el camino me enamoré de la música. Después de un par de campamentos de jóvenes en los que no había director de alabanza, el hijo del pastor debía hacerlo, así comenzó mi reto de descubrir lo que Dios quería para mí. Desde los 13 años toqué el piano y a los 17 empecé a dirigir la alabanza.

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Un consejo práctico para adorar en espíritu y verdad


Creo que tiene que ver con relación. No puedes llegar a conocer a alguien si no inviertes tiempo en él. Muchos de nosotros lo hacemos a través de la música, o en un devocional, pero eso solo lo hacemos en un lugar específico y pienso que enclaustra las posibilidades de conocer a Dios, de amarlo, de saber qué es lo que Él tiene para uno. Lo más práctico que se me ocurre es fomentar la relación y mientras más podamos hablar, escuchar, leer, conocer a Dios, será más fácil adorarlo por lo que es, no solo por lo que hace, por lo que nos da, sino por la persona tan increíble que Él es.


Un momento definitivo en tu ministerio


Fui pianista de Danilo Montero durante 3 años, hace muchos años, en uno de los conciertos, estaba tocando el piano de la canción Eres Todopoderoso, Danilo empezó a decir: “fluye, fluye, toquen”, entonces empecé a tocar y luego él  cambió de canción, sonido, nota. Obviamente me volví loco, pero la parte que me marcó fue cuando dijo: “Escucha la voz del Espíritu Santo”. Por un momento sentí que se apagaron las luces, que la gente en todo el estadio desapareció y que estaba solo, y dije: “Señor, qué vergüenza que no puedo escucharte, no sé qué es lo que quieres”. Eso me quebró, me rompió el alma, tuve que dejar de tocar. No podía creer que los que queremos un ministerio no supiéramos escuchar a Dios, eso me cambió la vida y la dinámica. Desde ese momento quise aprender a descubrir qué es lo que Él quiere, cuál es el propósito, por qué estamos yendo a un lugar. Eso me ha ayudado a mantenerme pendiente, expectante, para ser obediente y eficaz.   

Bani Muñoz  Musico

Nos frustramos porque no somos como, no sonamos como, no tocamos como, pero cuando aprendemos a usar eso poco que a veces menospreciamos quizás para alguien será una respuesta de Dios. Ha sido aprender a lidiar con mi “poco” para que sea de bendición para alguien y se convierta en “mucho”.

 

El momento más intimidante en tu ministerio.

Diría que ser papá, porque cuando llegó mi hija Natalia, no sabía qué estaba pasando. Para mí, ministerio y familia son lo mismo, el primer ministerio es la familia, pero eso me marcó muchísimo y me hizo entender muchas cosas que Dios quería enseñarme en ese tiempo. Cuando fui papá por primera vez dije: “tengo que tomar mejores decisiones, tengo que prepararme más, entender más, amar más, cuidar más, perdonar más, porque en la medida en que mi hija pueda ver a Jesús en mí, el mensaje funciona”. 

Una experiencia extraordinaria mientras componías o interpretabas alguna de tus canciones.

Me ha gustado ser transparente, sentarme en el piano, ahí llega más rápido la melodía, los acordes y agarro el ritmo. Pero cuando escribí la canción Ciudad de colores, que ha sido una canción que Dios ha usado, la primera vez que la cantamos en la iglesia donde estábamos en México, se acercó a mí la mamá de uno de los jóvenes de la Iglesia que se había alejado de Dios y había muerto en un accidente; y me dijo: “Esa canción me respondió dónde está mi hijo, llevo meses preguntándole al Señor '¿qué pasó?, ¿está en el infierno?' Hoy sentí que él se reconcilió con Dios en los últimos segundos de su vida y está cantando en el cielo con los ángeles”. Ella lloró, yo lloré, pero fue el resultado de escribir algo genuino, cristocéntrico, basado en la Biblia y en los testimonios que hemos escuchado.

El hábito que un músico debe desarrollar. 

Musicalmente, disciplina, pasión, compromiso, y una de las más grandes en este tiempo como músicos cristianos: relación con Dios, porque puedes ser un gran músico, pero sin alma o pasión por Dios, eres como un címbalo que solo hace ruido. La gente que tiene el corazón en el lugar correcto encuentra algo más allá de la música siempre.

Un característica de tu humanidad con la que luches. 

Pienso que a todos los músicos nos pasa con el orgullo. En la película El abogado del diablo, el diablo, que es representado por Al Pacino, decía: “el orgullo es mi pecado favorito”. El orgullo es como el mal aliento, todos lo notan menos tú. Cuando tratas con gente, viajas, te dicen: “¡Qué bien, qué bárbaro, qué bonito!”, te puede llegar a gustar si no sabes entregarlo en las manos del Señor y si no sabes reconocer que todo es prestado. 

Ese es un método que uso casi todos los días porque nos escriben testimonios sobre la música, la canción y digo: “Señor, esto es tuyo, es prestado”. En el  momento en que comience a pensar “soy bueno”, empiezo a ser un candidato para que se me quite algo que no es mío: la presencia de Dios, su Palabra. A fin de cuentas Él es quien sana, de Él es la gloria, Él salva vidas, nosotros solo somos los emisarios.

 

Bani Muñoz

Un momento de frustración. 

Un día que nos invitaron a 24 horas de adoración en Centro América, había grandes cantantes y éramos como el sandwich, había también cantantes locales, era un estadio grande. No pude evitar verlos y compararme. Recuerdo que había un pasillo por donde debía caminar hacia un gimnasio y se me hizo eterno, yo iba hablando con Dios: “Señor, ya se dijo, ya se danzó, ya se bailó, ya se adoró y yo, ¿qué digo?, ¿qué vas a hacer conmigo?” Le dije: “Señor, no soy el más ungido, no soy el mejor cantante, no tengo la mejor música, pero si tú me trajiste hasta aquí, haz algo”. Él respondió: “No seas tan cabezón, yo te voy a usar como te hice”. Estaba con mi esposa y mis hijos, y empezamos a ministrar en familia, entonces se desató un tiempo de sanidad diferente, no la más ungida de la noche, pero tan diferente… la gente empezó a recibir algo de Dios.